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Entrevista a Sara Zazo: «Lo que más me ilusiona de Eibarsax es que será un verdadero punto de encuentro»

Después de trabajar en proyectos de teatro, ¿ha cambiado tu visión artística? ¿Qué has descubierto en ti misma a través de estas experiencias?

«Trabajar en teatro ha cambiado mi visión artística. Es cierto que estar en escena desde otras disciplinas, como la danza contemporánea o el canto, te obliga a tener una concepción más completa de lo que ocurre en el escenario.

El teatro es una de las disciplinas menos subjetivas, a diferencia de la música, que puede ser más abstracta en su comunicación con el público. El teatro es una experiencia muy directa: el artista y el espectador comparten un mismo espacio en tiempo real, y la interacción entre ambos es mucho más inmediata.

Cuando actúo como música dentro de un espectáculo teatral, mi presencia en la escena cambia. No es solo tocar, sino formar parte del espacio y del momento. Hay una presencia dentro de la escena que supone estar muy presente y quizás un poquito menos “escondida» detrás del instrumento. Hay un juego escénico donde la música no es únicamente sonido, sino también un elemento visual y narrativo.

El teatro me ha hecho reflexionar sobre la importancia de la escenografía, la iluminación y el movimiento en la escena, y sobre cómo cada detalle contribuye al significado de un espectáculo musical. Haberlo vivido desde dentro me ha dado una perspectiva más periférica de la música y me ha hecho querer seguir explorando en esa dirección.»

¿Cuál ha sido el estreno más desafiante o especial para ti y por qué?

«Es difícil elegir solo uno porque cada estreno ha sido especial a su manera. He tenido la suerte de participar en muchos proyectos que me han marcado.

En teatro, los estrenos con la 2B Company han sido experiencias muy importantes.

A nivel personal, uno de los estrenos más significativos fue el que realicé hace unos meses en México, donde interpreté Neon Glitched & Overdose, de Luis Torres. Fue un proyecto muy personal, que se realizó en condiciones de mucha rapidez pero con gran cuidado, lo que lo hizo aún más especial.

Próximamente, con mi grupo Altera Inde, estrenaré Double Skin, una pieza para dúo de saxofones altos y electrónica. Es una obra de unos 20 minutos que ha sido el resultado de un proceso de investigación y reflexión artística muy enriquecedor.

Otro estreno que recuerdo con cariño fue cuando grabé una pieza de Roland Willmann para saxofón alto solo. Fue un estreno peculiar, muy exigente a nivel técnico y artístico. También destaco mi participación en el Festival de Lucerna, donde estrené música orquestal con todo lo que ello conlleva.

Uno de los estrenos más desafiantes fue el de la pieza Shakti, de Diana Rotary, en Suiza. Requería tocar tres instrumentos distintos, con unas exigencias técnicas muy altas. Fue un reto enorme, pero la música de Diana me encanta, y poder interpretarla fue un privilegio.»

En tu experiencia como profesora, ¿qué es lo más importante que intentas transmitir a tus alumnos?

«Con mi experiencia como profesora, creo que lo más importante que intento transmitir a mis alumnos se basa en tres pilares fundamentales.

El primero es el trabajo. La disciplina, la regularidad y la constancia son esenciales. Siempre les digo que no se trata de hacerlo perfecto o de tocar impecablemente bien, porque eso no es lo obligatorio. Lo verdaderamente importante es darlo todo y esforzarse al máximo. Ese compromiso y entrega es lo que realmente se espera de alguien que quiere dedicarse a una disciplina artística.

El segundo es la entrega y la visión artística. Quiero que mis alumnos entiendan que deben entregarse por completo a lo que hacen, porque solo así podrán superarse y desarrollar una visión que no sea únicamente técnica o ejecutora del instrumento, sino también lo más artística y amplia posible.

El tercero, que considero igual de importante, es la humildad. Cuanto más trabajas, estudias y conoces, más consciente eres de todo lo que aún te queda por aprender. Creo que la humildad es una herramienta fundamental para seguir evolucionando como músico y como persona.

También creo que es esencial alimentarse de otras disciplinas. Leer, tener conciencia del mundo en el que vivimos, acercarse a la literatura, la pintura, la escultura, el teatro, la ópera… incluso a los idiomas. No se puede abarcar todo, pero cuando, por ejemplo, vas a ver una ópera y entiendes un poco de italiano, la experiencia cambia por completo.

En definitiva, nutrirse de diferentes disciplinas es una forma de cultivar el espíritu. Se trata de adquirir un capital simbólico que nos permita entender que, como ciudadanos y como artistas, necesitamos aprender no solo de lo que vemos, sino también de lo que no es tan evidente. La cultura tiene componentes simbólicos que, para poder interpretar cualquier historia, sea contemporánea o de otra época, debemos conocer y comprender.

Creo que, en realidad, para darle todo su valor, el arte no puede limitarse únicamente a la ejecución técnica. Es esencial conocer el porqué de una obra, entender qué estaba ocurriendo en el mundo en ese momento y qué llevó a su creación. Esa comprensión es lo que realmente enriquece la interpretación y la visión artística.»

¿Qué es lo que más te ilusiona de esta primera edición de Eibarsax?

«Lo que más ilusión me hace de esta primera edición de Eibarsax es que realmente va a ser un punto de encuentro.

No lo veo como un curso de perfeccionamiento al uso, sino como un espacio donde vamos a poder tocar mucho, escuchar mucho, reflexionar mucho, compartir muchas experiencias y también descubrir la identidad de cada uno de los recitales de los profesores.

Creo que va a haber una oportunidad muy bonita de alimentar el aprendizaje a partir de los alumnos también, porque al final los profesores aprendemos mucho de los alumnos, y que se dé ese intercambio tan bidireccional es algo que me motiva muchísimo.

Me ilusiona también que no sea únicamente un curso basado en tocar muchas horas al día, sino que haya un tiempo y un espacio donde se ponga en valor el instrumento, pero también la manera de interpretar y la manera de vivir la música.

Y en ese sentido, creo que va a ser una oportunidad súper bonita para compartir experiencias, compartir formas de ser, compartir formas de ver el arte y, en este caso, más específicamente, el saxofón.»

Si tu saxofón tuviera un superpoder, ¿cuál sería?

«Creo que mi saxofón ya tiene un superpoder, que es el de acompañarme.

Después de tantas horas de estudio y de tanto trabajo, siento que es un instrumento que habla conmigo y habla por mí. Reacciona como yo necesito que reaccione, y me da seguridad. Me hace sentir en un terreno conocido y fácil, y eso es algo que agradezco mucho.

Si tuviera otro superpoder, sería el de viajar conmigo y darme paz allá donde vaya. Al final, es un objeto que está en mi vida desde hace muchísimos años, que me ha acompañado en todas mis experiencias musicales y que sigue estando ahí, evolucionando conmigo.

También tiene el superpoder de aguantar muchas horas de ensayo y de esfuerzo, que es algo que no todo el mundo aguanta.

Y sobre todo, aunque suene un poco romántico, creo que tiene el superpoder de hacerme feliz.

Después de tantos años juntos, siento que no es solo un instrumento, sino una parte de mí. Me ha dado muchos momentos de lucidez, de claridad y de felicidad, ya sea en el escenario, en un ensayo o en cualquier clase en la que toque.»

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