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Entrevista Juani Palop: «Un gran músico de cámara tiene que escuchar más que tocar»

Has tocado en muchos ensembles. ¿Qué crees que hace a un gran músico de cámara?

Un gran músico de cámara debe escuchar más que tocar. A través de la experiencia y de cierta habilidad, hay que ser capaz de estar al servicio de lo que pasa alrededor tuyo y actuar en consecuencia. Eso no significa ser pasivo, sino todo lo contrario: saber cuándo tomar la iniciativa y cuándo estar al servicio de otra persona/voz.

Para poder estar «al servicio de», reconocer lo que la música necesita y actuar en consecuencia, hace falta desarrollar la imaginación al máximo y aprender cómo funciona la música por dentro.

Eso hace posible saber qué papel tienes que asumir en cada momento, porque la verdad es que ese papel cambia constantemente: cosas como dinámica, agógica y afinación, dejan de ser algo sólido y se convierten en algo fluido, adaptable.

 La capacidad para poder sostener esa fluidez dentro de un discurso musical que tenga consistencia estética y una base técnica sólida, es el alma de la música de cámara en mi opinión.

Otra cosa que me parece súper importante para poder trabajar música de cámara es la capacidad de dar y recibir feedback, poder aceptar lo que te dicen tus colegas con deportividad. Tener ese punto de estar con los pies en el suelo y no tener un ego hinchado, de esos que luego están huecos, se desinflan y se quedan en nada.

No se trata de no tener ego, opiniones, gustos, preferencias… sino de encontrar un equilibrio interior, tener una autoimagen bien ajustada de quién eres, para poder sostener el espejo constante que es trabajar en música de cámara.

Si pudieras volver a ser estudiante, ¿qué consejo te darías a ti misma?

«Si volviera a ser estudiante, el consejo que me daría sería: no te centres solamente en el saxofón. Acuérdate de comer bien, de hacer deporte, de estirar. Y mírate a ti misma en un sentido más holístico.

Confía en que eso te va a traer muchísimos beneficios y que esto es una carrera a largo plazo. No se trata de ganar este concurso o aquel concurso. Eso es importante, pero lo que más importa es que puedas mantener una buena salud mental, física y emocional a lo largo de los años.

Para no quemarte y poder seguir disfrutando de lo que haces, préstale atención a tu cuerpo y a tu alimentación. Hábitos como beber más agua, no comer tantos dulces ni carbohidratos, salir todos los días al menos una hora, aunque sea a dar una vuelta, hacer algo aeróbico, correr, ir en bici… cualquier cosa que te mantenga activa.

Y, sobre todo, no ir a la desesperada. Saber que después de hoy también existe mañana.

En el cole nunca me enseñaron esto. Yo estudiaba el día antes, me pegaba la panzada, sacaba un ocho  y luego me olvidaba de todo.

Con el saxofón no lo hacía de manera tan extrema, pero tampoco sabía estudiar con el visor a medio/largo plazo. No entendía eso de «voy a estudiar todos los días dos horas y confiar en el proceso». 

Eso lo aprendí aquí en Holanda, viendo a mis amigas japonesas y alemanas.

Ellas simplemente sabían lo que tenían que hacer, lo hacían cada día y ya está. Confiaban en un proceso a largo plazo y los resultados que presencié revolucionaron completamente mi manera de pensar.

Es una lástima que no se enseñe a estudiar así, pensando en proyectos/ procesos, más que en currículum (aunque también sea necesario)  y muchas veces obviando aquello que nos entusiasma.

Esto nos lleva a una desconexión entre nuestro mundo interior y lo que se supone que debemos estar haciendo. Esa conexión es absolutamente vital para poder llevar a cabo procesos creativos como los nuestros.

En España, creo que nos cuesta más esa mentalidad. Nos enseñan a darlo todo en poco tiempo, pero en realidad, si estudias una media de  hora y media al día durante un año, avanzas más que si te pasas tres meses estudiando cinco horas diarias sin descanso y de paso, quizás eres más feliz.

También me diría: escúchate más.

Descubre cuáles son los momentos en los que estás más lúcida y aprovéchalos. Y también, identifica cuándo necesitas descansar y permítetelo.»

¿Qué es algo que siempre intentas transmitir a tus alumnos?

«En general paso gran parte de mi trabajo como profesora, quitando interferencias:

Mentales: Algo que veo mucho en mis alumnos es que tienen una imaginación musical muchísimo más desarrollada de lo que en un momento dado son capaces de volcar al saxofón.

Entonces, lo que intento es ayudarles a conectar esa imaginación con lo que realmente tocan, intento que el hecho de tener el instrumento en la boca no les bloquee, sino que puedan expresarse libremente.

Físicas/técnicas: tensiones en la embocadura, tensiones en la garganta, cosas que no están funcionando y que les impiden tocar y transmitir sus ideas de manera adecuada.

Para mí, es fundamental ayudarles a eliminar esas interferencias para que haya un intercambio de energía más saludable entre ellos y la música que quieren hacer.

Que puedan tirar el aire de manera natural, conectar su imaginación con los elementos instrumentales”

¿Qué es lo que más te ilusiona de Eibarsax?

«Lo que más me ilusiona de Eibarsax es la oportunidad de aprender de mis colegas y de los alumnos, poder ojalá transmitir a nuevas generaciones lo que he aprendido durante estos años y ayudarles en su propio camino.

También me hace muchísima ilusión tocar en una de las veladas nocturnas y compartir ese momento con todos.

Me ilusiona compartir, y hacerlo en un entorno/horario/estructura que está diseñado con espacios temporales y físicos, para no quemarnos, poder no solo dar energía, sino también recibirla.

Tengo muchas ganas de escuchar los conciertos de mis colegas y los de los alumnos, es casi un rol mixto, esa sensación de estar entre profesora y alumna al mismo tiempo porque espero aprender muchísimo de mis compañeros, de los alumnos, de lo que pase, y de las sinergias que se den durante la semana, así que tengo ilusión también como eterna aprendiz que me considero.»

Si tu saxofón pudiera hablar, ¿qué diría sobre ti?

«Creo que mis saxofones tendrían buenas palabras para mí, porque intento estar conectada con ellos cuando toco.

Hace mucho tiempo que no voy en contra del instrumento, ni mentalmente, ni emocionalmente, ni técnicamente. Siempre intento ir a favor del instrumento.

Creo que si mis saxofones pudieran hablar, dirían algo así como:

“Juani es una buena compañera de viaje, una «partner in crime”, y cómplice con la que siempre, de una manera u otra, podemos conectar» 

También creo que mis saxofones se entretienen con las cosas musicales que les cuento y con todo lo que me invento para ellos.

Así que sí: creo que están entretenidos, se divierten y, de alguna forma, nos damos vida mutuamente» 

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